Durante la mañana de ayer, un grupo de usuarios de la Asociación Pitiusa Pro Salud Mental (Apfem), junto a Tania y Eva, las monitoras del servicio ocupacional, se embarcaron en dos catamaranes capitaneados por Anabel y Alan para navegar por las aguas pitiusas. Se trata de una actividad enmarcada dentro de la XXIX edición de la Setmana del Mar, organizada por Es Nàutic de Sant Antoni.
Esta iniciativa busca fomentar la inclusión social y el bienestar de las personas con trastornos de salud mental a través de la participación en actividades en grupo. «Es fundamental que se visibilicen este tipo de experiencias para romper con el estigma», explicó Enrique Mas, director de Apfem, quien destacó que estos eventos generan gran expectación entre los usuarios. «Cuando va llegando la fecha, son ellos mismos los que nos recuerdan la actividad. Ya son muchos años haciéndola y tiene muy buen recibimiento entre las asociaciones», señaló.
La ruta comenzó en el Club Nàutic de Sant Antoni y llevó a los usuarios hacia el norte, pasando por Cala Salada y Can Blanc, para luego bordear Cala Bassa antes de regresar al puerto. A lo largo de la travesía, el grupo compartió sus experiencias personales mientras disfrutaban del privilegio del entorno, resaltando la importancia de contar con espacios donde puedan expresarse y sentirse comprendidos.
Anna Marie, una de las asistentes, comentó que padece trastorno límite de la personalidad. «Hace que todo sea muy intenso. Me diagnosticaron hace cinco años, pero llevo desde los ocho años yendo a médicos sin que supiesen decirme qué me pasaba». Por su parte, Miguel Ángel, diagnosticado con trastorno obsesivo-compulsivo, valoró la importancia del apoyo. «Este tipo de actividades nos ayudan a romper barreras y demostrar que podemos llevar una vida plena. Es muy necesario que nos den visibilidad».
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Uno de los participantes más ilusionados era Alejandro, de apellido Sanz. Nació el mismo día y mes que el cantante, así que sus padres decidieron llamarle igual. Alejandro no dejó de grabar vídeos con su móvil para enviárselos a su hermana, que vive en Brasil. Fascinado con la experiencia, preguntaba cuánto costaba la excursión, por si en el futuro quería repetirla. «Me hace mucha ilusión montar en un catamarán, hace tiempo que no me montaba en uno», comentaba.
En la proa del catamarán, los usuarios no paraban de hablar, compartiendo sus historias y reflexiones sobre la salud mental. Aunque reconocieron que se han dado pasos importantes en materia de sensibilización, coincidieron en que «aún queda mucho camino por recorrer para que las personas con trastornos mentales sean vistas con normalidad y sin prejuicios. Todavía hay discriminación». Y así transcurrió la mañana, entre charlas, la compañía de amigos y la tranquilidad del mar. Unas horas para parar el reloj y disfrutar de Ibiza.
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