eyendas de piratas, marineros que nunca aparecieron, buceadores atemorizados, energías extrañas... Son algunas de las historias que le cuenta Ahimsa a Laura, una niña de 6 años que nunca ha visto es Vedrà. Embarcamos en un catamarán con 25 personas más, dispuestas a pasar un día inolvidable.

A los quince minutos de navegar llegamos a Cala Bassa. Unos turistas rusos señalan una cueva que se divisa desde no muy lejos mientras en el otro lado del barco un grupo de amigos comenta la importancia de mirar al horizonte para no marearse.

Bordeamos la Torre de'n Rovira, s'Illa des Bosc y la Conillera entre cantos por parte de un grupo de 17 amigos que viajan juntos. Han venido de Tarragona, Barcelona, País Vasco o Suiza y para algunos de ellos es de las primeras veces que navegan. Su gran objetivo: ver es Vedrà de cerca. «Es que Julio Verne dijo cosas tan interesantes y misteriosas de este islote, que es imprescindible verlo», comenta Ahimsa, afincada en Eivissa desde hace ya muchos años. «Además, dicen que es el centro de la tierra. ¿Tú te lo crees? Yo si».

Después de pasar por unas pequeñas calas llegamos a Cala Tarida. El catamarán realiza una parada: ¡Al agua! Cada uno de los viajantes se tira al mar para darse un chapuzón: «Si no vuelvo, nos vemos en es Vedrà», bromea una de la excursionistas a sus amigos.

Mientras tanto, los tres marineros del barco explican que es cada uno de los islotes que se ven de fondo y preparan champagne para los viajeros.

Veinte minutos después, vuelta a la navegación con destino es Vedrà. El gran grupo se relaja con su bebida mientras hablan y ríen: «¡Qué alegría de vivir!», comenta otra de las chicas. «Es lo que tiene Eivissa: momentos perfectos».

Entre leyenda y leyenda, divisamos la gran roca a lo lejos, a la que nos acercamos rápidamente. Cuando estamos muy cerca, mucha gente pasa a babor para ver mejor este gran islote, mucho más grande de cerca. Bajo un silencio total el barco rodea es Vedrà: «Tengo los pelos de punta. Es impresionante», comenta David en su segundo viaje en barco.

Al pasar casi totalmente el islote, Ahimsa cuenta historias sobre las propiedades curativas de la posidonia ibicenca y sobre puntos de energía como es Vedrá: «Yo a estos puntos les llamo conectores. Y de verdad que se nota la energía; es un viaje al centro de uno mismo».

Mientras el barco da la vuelta, un chico ruso finge que le tiembla todo el cuerpo: «No sé que decir... ¡It's amazing! (Es increíble)».

Ya de vuelta, relax total: «No sé si será la energía de es Vedrà, pero se me ha pasado hasta el mareo», comenta una mujer sonriendo. Unos toman el sol, otros charlan relajados y otros duermen. Hasta la última media hora de viaje, donde la fiesta llega al catamarán: canciones, bailes, risas y más canciones. El grupo de turistas rusos se une a la fiesta para tomar una foto de grupo en la que también quieren participar los marineros.

Finalmente, llegamos al puerto sobre las seis de la tarde, después de unas tres horas a bordo de un barco que «nos ha llevado al interior de todos nosotros, el centro de la tierra y el punto más maravilloso de Eivissa». Para todos ellos ha sido, sin dudarlo, un gran día.

Marina Bonet

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