Opinión/Vicente Juan

San Cristóbal, patrono de los conductores

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El martes próximo, día 10 de este mes, es la fiesta de San Cristóbal, y en nuestras islas lo celebramos en muchos lugares: en el Convento de San Cristóbal en Dalt Vila, en la capilla de San Cristóbal en la playa de Es Canar, en la asociación de Vila, etc.

San Cristóbal es tenido como patrón de los conductores. Su fiesta, pues, me anima a agradecer a todos los conductores de coches, camiones, motos, bicicletas, etc. que por las calles de los pueblos y por las carreteras conducen bien, respetando las leyes y de ese modo ofreciendo seguridad y confianza a todos. Y a la vez, animar a los que no lo cumplen a que lo hagan, que cambien, que conduzcan bien y de ese modo el trafico en nuestras Islas de Ibiza y Formentera sea absolutamente maravilloso y seguro.

Mientras veo esa mayoría de buenos conductores que lo hacen bien veo también aquellos que no respetan los límites de conducción, que viajan mas rápido de lo autorizado e indicado claramente, que hacen adelantamientos donde hay líneas directas, que no aparcan donde se puede, etc. Y esto último no se debe hacer; ojala tengamos buenos policías y autoridades para que lo controlen y sea así seguro el trafico entre nosotros, de modo que la seguridad por nuestras calles y carreteras sea más segura.

Por eso, un cordial saludo a todos los que llevan la movilidad muy bien, cumpliendo las leyes y siendo una ayuda para los demás: camioneros, transportistas, taxistas, conductores de autobuses, de autocares, de ambulancias, motoristas ciclistas y peatones, que de una manera hacen un buen uso de las vías públicas.

En la Iglesia, los Papas y los obispos, así como buenos sacerdotes hemos siempre animado a que uno se ocupe siempre bien por las actuaciones llevadas a cabo en las carreteras y las calles. Así, por ejemplo, en la Conferencia Episcopal Española, en 1868 se hizo pública una exhortación pastoral titulada Espíritu cristiano y tráfico, animando a tener unos buenos principios de educación vial, que sean válidos para todos y que los cumplan todos.

Y Juan XXIII decía que cuando no se cumplen las normas hay casi tantos desastres como en una guerra (Cf. Alocución a los conductores, 9.VIII.1961). Así los que utilizamos las vías públicas hemos de poner un empeño especial y claro en evitar accidentes y peligros para los demás, siendo un importante papel el interés de los ciudadanos, de todos los ciudadanos en cumplir todas las buenas y legítimas normas de seguridad.

Y Pablo VI, que será canonizado el próximo mes de octubre, en la Alocución a los asistentes a las Conversaciones internacionales sobre la moralización del tráfico decía: “Demasiada gente se vierte cada día en una lucha absurda de velocidad y el tiempo…Es doloroso pensar que, en todo el mundo, innumerables vidas humanas continúan siendo sacrificadas cada año pro esa inadmisible sueryte” (2.X.1965).

Hay normas, pues, y han de cumplirse por parte de todos, de todos sin excepción. Viajar en automóvil, en moto o en bicicleta, o desplazarse a pie es una acción humana. Pero esa acción, buena en sí y que persigue también un fin bueno, se ve afectada para mal, si no se respetan las normas de la circulación y de la convivencia; no hacerlo pone en juego las vidas y los bienes de otras personas, incluidos los propios. Y de todos ellos, evidentemente, es responsable el hombre.

La actitud al volante debería ser de atención y prudencia. La mayor parte de los accidentes son provocados precisamente por la falta de atención y por imprudencia. Por eso la prudencia es una de las virtudes más necesarias e importantes en relación con la circulación. Esta virtud exige un margen adecuado de precauciones para afrontar los imprevistos que se pueden presentar en cualquier ocasión.

Desde luego, no se comporta según la prudencia el que se distrae al volante con el móvil, el que conduce a una velocidad excesiva, el que descuida el mantenimiento de vehículo, el que conduce bajo los efectos del alcohol o de las drogas. Redoblemos nuestros esfuerzos y nuestro sentido de responsabilidad y de prudencia como conductores y también como peatones. Que entre nosotros, entre todos, en Ibiza y Formentera, conducir se haga bien, se respeten las normas y sea seguro para todos, absolutamente para todos.

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