No es la primera vez que les hablo en este espacio del Carrer de Sa Llavanera, esa pequeña y estrecha carretera que te permite salir del pueblo de Jesús hasta aparecer justo a la altura de la Avenida Vuit d’Agost de la ciudad de Ibiza. Normalmente lo utilizo todas las mañanas para llegar a mi trabajo, en torno a las siete y media, y luego al medio día, sobre las tres de la tarde para volver a casa, por lo que podría decirse que me he convertido en un verdadero experto en la zona que, para bien o para mal, ha acabado conociendo cada rincón, cada estrechamiento, cada curva, cada montón de arena y, por supuesto, cada agujero y cada bache.
Y es que, desgraciadamente en los últimos meses, cada vez hay más de todo. El circular diariamente por allí me ha permitido ir comprobando el progresivo deterioro de la vía, provocado en buena medida por el cada vez mayor transitar de vehículos que por allí pasan intentando ahorrarse el ajetreo del centro de Jesús, la salida en dirección a Santa Eulària o los embotellamientos que se producen en algunas zonas sobre todo en la época de verano, pero también por la mala calidad de los materiales que se han empleado en algunos de los trabajos recientes.
Todo esto es especialmente preocupante en el Carrer de la Terrol·la, la pequeña calle que comunica el pueblo de Jesús con Sa Llavanera, y que a pesar de sus cortas dimensiones se ha convertido en un serio peligro para peatones, ciclistas, conductores de patinetes, motoristas y conductores de vehículos que ya no saben como esquivarlos. Sobre todo en la zona que comienza propiamente la calle, donde se acumulan una decena de agujeros, desperfectos o remaches levantados que van aumentando cada día, sobre todo cuando llueve, y que convierten ese paso en un lugar difícilmente transitable. Pero es que, si consigues sobrevivir sin caer en ellos o en las acequias al intentar esquivarlos, lo siguiente que te encuentras apenas mejora, ya que en su zona más recta también hay agujeros, desniveles provocados por obras que no acabaron de ser cerradas de la mejor manera posible o arena que no sabes muy bien como ha llegado hasta allí. En resumen, menos de un kilómetro que se podría emplear para hacer una prueba de la Titan Desert.
Después, en Sa Llavanera, es fácil comprobar donde ha habido obras recientemente, donde se ha hecho alguna prospección para el gas o el agua, porque los remaches están de distinto color y a distinta altura, y más allá de que tal vez haría falta un quitamiedos en los laterales dado que la estrechez de la calzada también es un peligro dependiendo del volumen de los vehículos o de si viene uno en cada dirección, el remate final llega según te acercas a la Avenida Vuit d’Agost.
Hay un momento en el que hay una curva pronunciada, a izquierdas según se viene de Jesús y a derechas si se accede desde Ibiza, con un espejo que no hace demasiado su función para mejorar la visibilidad, y allí en dirección a la capital, los baches en la parte de la derecha se suceden uno tras otro, provocados por alguna que otra raíz o por el mal estado de la calzada, y con el peligro añadido de que en ocasiones la vegetación que viene desde este torrente conocido por sus «fabulosos» olores invade parte de la calzada. Un combo en el que hace apenas unos días vi, en primera persona, como perdía el control de su bicicleta de paseo una joven sin que afortunadamente hubiera que lamentar más allá del susto.
Pero ojo, que no hemos terminado. Aún nos queda completar nuestro fabuloso recorrido. Una vez pasado el aparcamiento disuasorio que se ha creado en la zona izquierda y donde sale un nuevo carril bici, nos encontramos con nuevos retos según vamos viendo los primeros pisos a la izquierda y a la derecha, con agujeros de todo tipo, tamaño y color, rebases que no te esperas y, sobre todo, con lo que ha provocado quienes en algún momento realizaron algunos trabajos para meter alguna tubería de agua, luz o telefonía y luego los taparon sin demasiado arte, provocando que aquello sea como circular como si fueras en un tubo. Y todo, además, con el valor añadido de que tienes que ir con mil ojos para que no te lleve alguno de los coches que han aparcado sin ningún criterio para intentar tardar lo menos posible en un supermercado cercano.
Lo dicho, que salir desde Jesús por la calle de Sa Llavanera es del todo menos aburrido y hay que agradecer a quienes les corresponda y de quien sea la competencia que al menos te permita disfrutar de una aventura casi diaria. Porque, luego, cuando termina esta calle, y llegas a la Avenida Vuit d’Agost todo es muy aburrido ya que allí se han completado los trabajos de asfaltado y han quedado perfectos. Tanto que mientras estas llegando a la rotonda de los podencos ya estás echando de menos algo más de aventura.
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