OPINIÓN | Joan Miquel Perpinyà
Un último acto de dignidad
El agente de la Guardia Civil de Sant Antoni que, según parece, integraba junto a media docena de individuos una banda criminal dedicada a desvalijar domicilios en zonas rurales de la isla y que fue desarticulada el pasado 28 de julio en la operación ‘Port Torrent' por sus propios compañeros del Instituto Armado, está demostrando una lucidez y una clarividencia que más le hubiese valido haberla tenido antes. Ante la situación generada, que su propio abogado califica de «insostenible», el joven agente ha hecho algo que cabe calificar de digno y casi heroico: pedir la baja de la Guardia Civil. Cuando muchos -la gran mayoría, seamos claros- optarían por negar los hechos embutiéndose en la presunción de inocencia y buscar cualquier fallo legal durante la investigación policial, la instrucción del caso o incluso el propio juicio, este chico que se dejó tentar por el «lado oscuro» y cayó en sus garras, ha decidido poner fin a su trayectoria profesional en la Guardia Civil, ahorrándole multitud de trámites administrativos y disciplinarios a la Dirección General de la Benemérita.
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