La nebulosa Trífida, un vivero de estrellas con la misma edad que el 'Homo sapiens'. | OBSERVATORIO CALAR ALTO/OMEGA 2000/HERSCHEL/SPITZE

Un equipo de astrónomos con sede en México, Italia y España han realizado nuevas observaciones en el infrarrojo de la nebulosa Trífida, lo que ha permitido ver a través del polvo, revelando un área compleja de formación estelar en curso en sus partes más oscuras, que comenzó hace unos 300.000 años, la edad del 'Homo sapiens'.

La nebulosa Trífida, descubierta en el año 1764, es visible con pequeños telescopios como un parche difuso de luz hacia la constelación de Sagitario, en las regiones más densas de la Vía Láctea. Incluye un grupo de miles de estrellas muy jóvenes embebidas en una nebulosa, mezcla de gas y partículas de polvo, que constituye el depósito de material para formar futuras estrellas.

Su nombre remite a su característica visual más llamativa: una nebulosa dividida en tres lóbulos por nubes oscuras de material molecular denso.

El equipo observó las regiones centrales de Trífida con la cámara OMEGA 2000, montada en el telescopio de 3,5 metros del Observatorio de Calar Alto, y comparó sus datos en el infrarrojo cercano con imágenes «más rojas» tomadas desde el espacio (la atmósfera de la Tierra es opaca en los rangos de longitud de onda del infrarrojo medio y lejano), que permiten ver el universo más polvoriento y frío.

«La cámara OMEGA 2000 es, sin duda, uno de los mejores instrumentos en el infrarrojo cercano del hemisferio Norte», destaca Carlos Román-Zuñiga, astrónomo de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM Ensenada) y uno de los coautores del estudio. «La calidad y uniformidad de la imagen combinada con los cielos de Calar Alto proporcionan datos de excelente calidad en un campo de visión generoso, ideal para estudiar regiones cercanas de formación de estrellas como la nebulosa Trífida», añade.

Las imágenes de Calar Alto son extremadamente profundas, lo que facilita una comparación con imágenes en otras frecuencias obtenidas con los satélites Herschel (ESA) y Spitzer (NASA). «Además de las imágenes profundas de alta resolución de OMEGA 2000, analizamos los datos en el infrarrojo lejano más recientes del telescopio espacial Herschel para revisar los parámetros de los núcleos más densos en el Trífida», apunta Mauricio Tapia (UNAM Ensenada), autor principal del estudio.

ESTRELLAS RECIÉN NACIDAS

Combinando los datos de Calar Alto con los espaciales, los investigadores han podido escrutar ocho glóbulos --o Condensaciones Trífidas, TCs-- sospechosos de albergar estrellas en formación, aún ocultas tras las densas nubes de polvo y gas frío donde se forman. Y han hallado objetos estelares jóvenes en siete de los ocho glóbulos: se trata de estrellas recién nacidas que pueden emitir en total entre 100 y 500 veces la energía del Sol.

También se han detectado fenómenos espectaculares relacionados con procesos de formación estelar, como chorros de gas que emergen de ambos polos de estas estrellas jóvenes y que presentan nódulos brillantes debidos probablemente a choques con material denso. «Estos flujos y chorros han sido creados e impulsados por estrellas de masa intermedia recientemente formadas en los glóbulos más densos de la nebulosa», agrega Mauricio Tapia.

En general, este estudio, que se publica en 'Monthly Notices of the Astronomical Society', confirma que la nebulosa Trífida es una región de formación de estrellas masivas en una nube molecular filamentosa y turbulenta, cuya formación comenzó hace unos 300.000 años y que aún continúa produciendo estrellas de masa baja e intermedia.

La formación estelar se concentra en los bordes de la región ionizada en expansión producida por la radiación (principalmente ultravioleta) de la estrella gigante HD164492. «Nuestro estudio nos permite comprender y cuantificar cómo tiene lugar la formación de la generación más joven de estrellas en el complejo», concluye Carlos Román-Zuñiga.

Un resultado adicional de este estudio aporta una distancia para la nebulosa Trífida casi un 20% mayor que la estimada previamente: el complejo se encuentra a unos 6.500 años luz de la Tierra hacia el brazo de Sagitario de la Vía Láctea.