El prisma salvaje de Javier Tur

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Imagen captada por Javier Tur del delta del lago Laiture, en el Parque Nacional de Sarek, en la Laponia sueca.

Imagen captada por Javier Tur del delta del lago Laiture, en el Parque Nacional de Sarek, en la Laponia sueca.

04-11-2016

Una fotografía realizada sobre un espectacular paisaje de la Laponia sueca, obra del ibicenco Javier Tur, resultó recientemente premiada con una Mención de Honor por la Federación Internacional de Arte Fotográfico en la categoría de paisaje del Salón Internacional de fotografía Narava Contest de Eslovenia.

La imagen muestra el delta del lago Laiture, en el Parque Nacional de Sarek. Javier Tur permaneció una semana en este espectacular paraje, “inalterado por la mano del hombre, sin refugios ni caminos”, según relata Tur, quien admite que se trata de una de las imágenes más bellas que ha capturado nunca. “Es la joya de Laponia”, resume el fotógrafo ibicenco.

“A mí me gusta la naturaleza extrema. Son paisajes vivos que cambian según las condiciones. Intento extraer la esencia de ese lugar. Sacar eso que yo siento de esa localización, es lo que intento plasmar. La esencia de mis fotografías es lo que yo quiero transmitir del lugar o lo que ese lugar me transmite a mí”, subraya.
No es el primer reconocimiento internacional que consigue este polifacético fotógrafo, exjugador profesional de bádminton. Javier Tur ya recibió el pasado mes de enero una Mención de Honor en los Monochrome Awards 2015 con una imagen captada en las Islas Lofoten (Noruega).

En octubre de 2015 logró un galardón en el festival Narava Contest con una fotografía del volcán Stromboli, captada en 2013, a la que tituló ‘La puerta del infierno’.

Lo que este fotógrafo siente al viajar por el mundo buscando su particular interpretación sobre la belleza de los parajes salvajes “es como una felicidad suprema, compleja de describir”. A veces piensa que la fotografía es simplemente una excusa para estar ahí. “La felicidad me la aporta el estar ahí, pero también el hacer la fotografía. No concibo una cosa sin la otra”, analiza acerca de una pasión con escaso rédito económico pero tremendamente enriquecedora en el plano personal.

“La fotografía no es ni mucho menos mi principal sustento económico, y sinceramente tampoco es algo que ahora mismo esté buscando. Tengo cierto temor de que el esfuerzo por intentar vivir de ello pueda corromper la pasión y el amor por lo que hago y esto acabara, por así decirlo, desviándome de mi camino. Es algo que está en mi cabeza, pero también soy consciente de que esto es una carrera de fondo”, puntualiza.
Tras una formación autodidacta en la materia, desde hace unos años su modo de vida consiste en viajar, descubrir los más bellos parajes naturales, los accidentes geográficos, volcanes o los parques naturales, y compartirlos desde su particular visión. “Para hacer esa fotografía que busco, muchas veces lo visualizo, me imagino cómo va a ser ese volcán o lago o cascada o lo que sea. Muchas veces incluso antes de verlo. Otras veces, cuando ya lo he visto, me imagino cómo quiero que sea esa foto y espero hasta que la consigo. En ocasiones ocurre enseguida, otras tarda o no lo consigo. Creo que esa es parte de la magia de lo que me encanta hacer: la constante incertidumbre”.

Javier Tur recuerda que tanto los viajes como el equipo necesario para poder trabajar en esos lugares remotos y de climas extremos “no son precisamente baratos”, por lo que cualquier venta que puede realizar, sobre todo a particulares, “siempre es bienvenida”. “Aunque cada vez va mejor, se trata de casos puntuales; todavía no tengo un lugar donde mostrar mi trabajo y aunque ya he empezado a desarrollar la página web, antes me gustaría acabar el proyecto personal en el que llevo unos años metido”, precisa Tur, quien pretende a partir del próximo año “mover” su trabajo por galerías de arte.

Para ello están siendo fundamentales los excelentes resultados cosechados en certámenes internacionales. “Aunque sí suelen tener remuneración económica, los premios en estos concursos no son gran cosa, excepto en aquellos de más prestigio. Para mí los concursos son como un gran escaparate donde promocionar mi trabajo, ya que una imagen premiada en un certamen es una imagen que va a ver mucha gente y, en cierta manera, su calidad queda avalada ya que ha sido seleccionada entre otras miles por un jurado de prestigio”, explica Tur, quien subraya que en la mayoría de estos concursos las imágenes premiadas “son expuestas en galerías” o en las exposiciones itinerantes que recorren todo el planeta. Además, “un buen currículum siempre ayudará cuando quieras vender tus obras”, concluye.

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