Cambiar las reglas de juego en Europa
Desesperados, desencantados, indignados, así está una gran parte de la población europea de los países del sur después de cinco años de recesión y de las políticas que han tomado los gobiernos durante ese periodo. Al nivel emocional hemos presenciado verdaderos actos de crueldad como los desahucios de niños y ancianos de sus viviendas con gran violencia, mientras los corruptos de la banca, la empresa o la política entran y salen de los juzgados o de la cárcel con trato esquisito. Hemos visto instituciones antes respetadas como las cajas de ahorro y los bancos engañando a los pequeños ahorradores, muchos ya jubilados, con las preferentes, mientras directivos y consejeros se blindaban sus altos salarios y jubilaciones y obtenían ingresos extraordinarios opacos con las tarjetas black. Gobernantes que devaluaban los salarios de los que menos ganan y aplicaban políticas de recortes en desempleo, sanidad, educación y servicios sociales, y que por otro lado ingresaban sobres en B y financiaban sus partidos con las aportaciones de empresarios que eran favorecidos en contratos y obras públicas. Las reglas del juego beneficiaban a unos pocos y perjudicaban a la mayoría. Lo que unos ganan y roban es a costa de los otros.Unos años antes cuando España entró en el euro y crecía a una media del 3-4% anual, todos tenían la sensación de ganar, aunque unos más que otros, el desempleo era bajo y las oportunidades elevadas. Las reglas del juego eran positivas para casi todos, aunque estaban en gran parte basadas en la burbuja inmobiliaria.
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