Vivienda

Baile de cifras en la manifestación por una vivienda digna en Ibiza

Críticas a la Administración por ofrecer soluciones «ridículas» y crear un enemigo «ficticio y real» como es el okupa

Imágenes del inicio dela manifestación, este sábado, en Ibiza. | Alejandro Mellon

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La concentración organizada por el Sindicato de Inquilinas de Ibiza ha logrado reunir este sábado a unas 300 personas que recorrieron las calles de la ciudad, sumándose así a una convocatoria nacional en defensa del derecho a la vivienda. Según datos oficiales aportados por la Delegación del Gobierno en Baleares, la cifra de asistentes a la protesta en Ibiza ha sido de 120 personas.

Laura es una de las personas que acudieron a la protesta. Lo hizo porque le parece «indignante no tener dónde vivir» y que prácticamente todo lo que se cobra deba destinarse al pago de una casa.

«¿De qué vives?. Nos están robando el alma, parte del ser, y ya va más allá de lo material», comentó.

Según explicó, hace un año se mudó a la isla procedente de Barcelona «donde ocurre prácticamente lo mismo». Por el momento, no se ha planteado marcharse de Ibiza «porque me siento conectada a esta tierra», pero tampoco es algo que descarte.

En su caso, y como empleada de un hotel, este verano podrá compartir habitación en su lugar de trabajo pagando por ello 350 euros.

Vicenç es un docente procedente de Mallorca y se considera «un privilegiado» al poder compartir un piso con otros dos compañeros por 1.300 euros. A pesar de ello, quiso asistir a la manifestación porque «lo de Ibiza es un escándalo» puesto que otros profesores no han tenido su misma suerte, sobre todo los que deben desplazarse a la isla para cubrir alguna sustitución durante el curso.

«Nos destinan a la isla y nos cuesta mucho encontrar pisos a precios decentes; no sólo a los docentes, sino a trabajadores de diferentes colectivos», lamentó.

Alicia, la mujer que debe vivir con su hijo en una caravana por el difícil acceso a la vivienda, ha confiado este sábado en que este tipo de protestas «sirvan para algo».

Azahara, por su parte, se sumó a la manifestación lamentando que, con 29 años, todavía debe vivir con sus padres ante la imposibilidad de alquilar o comprar un piso. Según reconoció, en su misma situación conoce a muchos otros compañeros de trabajo que, a pesar de tener un trabajo estable y bien remunerado, no pueden acceder a una vivienda.

Miguel, quien lleva años en la isla de Ibiza, acudió al acto reivindicativo «al estar cada vez más complicado seguir aquí y ver que se están marchando muchas personas».

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Desde el Sindicato de Inquilinas, Daniel Granda lamentó «los topes inasumibles a los que hemos llegado en Ibiza» y consideró incomprensible que, a pesar del grave problema habitacional, siga habiendo en la isla un gran porcentaje de viviendas destinadas a turistas. «Quien decide el precio no es el Gobierno, son los propietarios, aunque al final los grandes especuladores forman parte de los gobiernos, tanto del nacional como de los que tenemos aquí», sentenció.

Entre otras cosas, recordó que con la protesta querían reclamar varios puntos como el acceso a contratos de alquiler indefinidos; un descenso del 50% en el precio de los alquileres; la desarticulación de grupos dedicados a desokupar casas o la recuperación de viviendas vacías, turísticas o reservadas al alquiler en temporada.

Protesta

A partir del mediodía, los manifestantes fueron llegando lentamente frente a la sede del Consell para iniciar la concentración en la que finalmente participaron unas 300 personas. Tras instalar en mitad de la calle tiendas de campaña o cartones anunciando el alquiler de una habitación por 1.500 euros, se leyó el tradicional manifiesto y se inició el recorrido que finalizó después en el Mercat Vell de Vila.

Desde el Sindicato de Inquilinas quisieron denunciar así «la insostenible situación de la vivienda que ya azota prácticamente a todas las ciudades de España, especialmente las turistificadas».

Según señalaron, «Ibiza es el mayor exponente en cuanto a alquileres astronómicos, inasumibles para cualquier persona trabajadora». Además, el precio de venta por metro cuadrado es el «más elevado», las cláusulas «más abusivas» y las condiciones «más inhumanas».

En el manifiesto, lamentaron que el éxodo de residentes «empieza ya a ser masivo» y los inquilinos van siendo sustituidos por personas de mayor nivel adquisitivo. También cargaron contra las instituciones por ofrecer soluciones «ridículas» como el programa 'Lloguer Segur' o las ayudas al alquiler con baremos que están «a años luz» de la realidad.

El Sindicato cargó contra la amnistía urbanística y contra quienes dan luz verde a más construcción, en un territorio que ya sufre las consecuencias por la falta de agua. Incluso, acusó a las instituciones de crear «un enemigo nacional, un enemigo ficticio, el okupa, de la mano de programas basura de televisión y grupos de matones criminales y patrocinado por el lobby de las empresas de seguridad».

Durante el recorrido, y frente a una inmobiliaria, los participantes aprovecharon para cargar contra empresas del sector, bancos o fondos de inversión, representantes de «la maquinaria carroñera y especulativa de la actual crisis habitacional».

Al finalizar en el Mercat Vell cargaron también contra los propietarios, afirmando que «no existen los caseros vulnerables».

«Detrás de su codicia, nuestra pobreza», concluyeron.