—¿Dónde nació usted?
—Nací justo encima del Lola’s, en sa Penya. Mis padres habían venido desde Archidona un par de años antes. Allí las cosas no estaban bien y aquí fue donde tuvieron a sus siete hijos, todos varones, en unos diez años. Yo soy el mayor y el más guapo (risas).
—¿A qué se dedicaban sus padres?
—Mi padre, Francisco, era albañil y mi madre, Josefa, no tenía ninguna profesión definida, pero no paraba. Además de ocuparse de sus siete hijos, limpiaba aquí y allá escaleras o locales. Trabajaba fuera, trabajaba dentro… Mi padre también trabajaba, pero en casa era ‘un niño’ más al que tenía que cuidar. Recuerdo que ella era la que se encargaba de limpiar el Lola’s por la noche, cuando cerraban. Yo me apoyaba en uno de mis hermanos pequeños para asomarme por una ventanita de la casa y verla trabajar desde mi casa. Mujeres como ella bien merecen un monumento.
—¿Cómo recuerda su infancia?
—Con la calle como zona de juego y toda la pandilla de gitanos como amigos. Yo era una especie de jefecillo de una banda de sinvergüenzas que siempre andábamos liando alguna por allí, tirándole piedras a los que pillábamos o, si no pillábamos a nadie, a nosotros mismos (risas). Todavía conservo una cicatriz de una pedrada que, por cierto, me gané ‘empreñando’ a uno más de la cuenta. Él era uno de mis amigos y vecinos gitanos, Francisco, que vino a perseguirme y me alcanzó con la piedra. Su madre le regañó y, al día siguiente, ya estábamos jugando uno en casa del otro. Había un vínculo muy especial entre todos. Nuestros juguetes eran, básicamente, algo que disparara. Si teníamos pistolas de corcho, les poníamos clavos para que se clavaran, como a las ventosas si la pistola era de ventosas. Si no teníamos juguetes, nos fabricábamos arcos con las varillas de los paraguas. La cuestión era dispararles algo a mis hermanos que les hiciera daño (risas). Pude disfrutar de una infancia con una intensidad que hoy en día, por desgracia, no se puede tener.
—¿Dónde iba al colegio?
—Fui a diferentes colegios. Primero a las monjas de la Consolación y después a Sa Graduada, Sa Bodega y Can Misses. Estos dos últimos los estrené yo. Y es que en sa Penya estuve viviendo hasta que tuve nueve años y después, tras pasar un tiempo en Isidoro Macabich, mis padres pudieron comprar un piso al final de la calle Aragón cuando todos los alrededores eran campo. Llegar hasta allí era como llegar hasta Almería. Supongo que por eso cambié tanto de colegio. Sin embargo, iba cuando iba (risas). Al tener tantos hermanos pequeños, tenía una especie de licencia para faltar a alguna clase. Con esa excusa, estuve tres meses sin presentarme en el colegio, ¡todo un récord! (risas). Fui tan tonto que, haciendo ‘salera’, me fui a jugar con los amigos de mi antiguo barrio, en sa Penya, y algún vecino se lo contaría a mi padre. Yo le dije que solo habían sido tres días y él se lo quiso creer.
—Entiendo que no continuó con sus estudios.
—No. Solo me saqué el Graduado Escolar y no sé ni cómo, porque al final, antes de ir al colegio, me iba a trabajar todo el verano a una pastelería de un tal John en ‘Casas Baratas’. A los 14 años empecé a trabajar en Rari, un taller de Sant Jordi. Hasta entonces no había salido de Vila más allá del final de la calle Aragón, y el primer día que cogí el autobús para llegar a Sant Jordi no tenía ni idea de dónde tenía que bajar, así que llegué hasta ses Salines (risas). Cuando empecé a ver tanta agua, le pregunté al conductor, Mariano, que me dijo que ya me había pasado y me hizo el favor de acercarme sin cobrarme nada. Así es cómo funcionaban las cosas antes, con buena gente como Mariano. Trabajando en ese taller, donde estuve unos años, me enteré de que yo era ‘mursianu’ (risas). Desde allí también me convencieron de que me presentara a la mili como voluntario para poder seguir trabajando con ellos, pero por alguna razón no me cogieron.
—¿Siguió trabajando en talleres tras la mili?
—Sí. Cuando terminé, estuve unos años trabajando en Firestone antes de irme a Iveco y, después, a Talleres Cruz. Allí solo estuve el tiempo necesario hasta el momento de elegir entre hacerme fijo o despedirme. Optaron por la segunda opción, así que me quedé sin trabajo cuando estaba esperando a mi segundo hijo, Álvaro. El primero se llama Carlos, y es que me casé con Rafi unos años antes, mientras trabajaba en Firestone.
—Al quedarse sin trabajo, ¿siguió trabajando en talleres?
—No. Entonces me ofrecieron traspasarme un negocio de distribución de vinos cuyo responsable dejaba porque supuestamente se iba de la isla para casarse. Nos pareció una buena oportunidad para progresar, así que invertimos nuestros ahorros para quedarnos con el negocio. Resultó ser una ruina. A cualquier cliente al que iba, me decía que el anterior dueño le debía dinero por una comida o por cualquier otra cosa. Resultó que tenía un pufo de hasta ocho millones de pesetas y fue un desastre. Menos mal que encontramos a gente buena que nos echó una mano. El trabajo de comercial me gustó, me gusta tratar a la gente como personas y no como códigos, y eso suele gustar. También estuve un tiempo trabajando en el reparto de pan con mi propia furgoneta para la panadería Gatzara. Después no tardé en entrar en Iscasa. Entré a finales de los 90, primero en autoventa de hielo y después como comercial hasta que hubo una reestructuración y, como tengo todos los carnés, me pusieron en distribución de materiales. Ahora, por problemas de salud, llevo un tiempo de baja. Aunque antes me encantaba bucear y nadar, ahora me conformo con poder leer, ver la tele y pasear.
6 comentarios
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DeivitAsí es, la mayor parte de la gente menor de 35-40 años que conozco son alérgicos al esfuerzo y al sacrificio. Eso sí, reclamar derechos y quejarse lo llevan bien a rajatabla.
Chupa MeSi estoy deacuerdo con lo que dices, pero la vida a cambiado ahora hay especulacion inmobiliaria y antes no, hay demasiada gente y han cambiado las peioridades. en esa epoca poca la gente no viajaba por gusto y menos a la otra punta del mundo y si se viajaba era para trabajar y ganar dinero hoy todo el mundo dice este año me voy a tailandia el que viene a mexico luego eeuu luego austrailia etc y fotos en instagran pero viviendo en una furgo habria que mirar los años cotizados de las generaciones de 25 a 35 años en fin es diferente son mil cosas billetes de avion a 8euros etc me voy de viaje y duermo en la playa...
DeivitEn general la gente trabajadora y ahorradora de aquella época podían comprarse su piso o casita sin problema y ahora.... Seguro que todo era tan malo con Franco? Seguridad social de verdad, subsidio por desempleo, sin IVA, impuestos mínimos y todo funcionaba pero ahora hay mucho político, mujer del político, hermano, primo, sindicalistas, comisionistas que mantener a todo trapo y los currantes en la p...a miseria
Como para que algunos vayan diciendo que con Franco se vivia mal
Chupa MeConoces a algún albañil de aquella epoca que no tenga una casa o varias?
Personalmente no conozco a este señor pero me quedo con una cosa. El padre con su sueldo de albañil, él esfuerzo extra de su esposa y SIETE HIJOS PUDIERON AHORRAR PARA COMPRARSE UN PISO!! Cuantas vidas tendría que ahorrar hoy día una familia numerosa para ello?? Seguro que hemos evolucionado y vivimos mejor hoy día??