EDITORIAL

Los vertidos de la vergüenza

Ibiza |

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El verano en Ibiza se cerrará como uno de los más recordados de los últimos años por los vertidos fecales que han ido sufriendo turistas y residentes. Si bien hace años la atención en cuanto a vertidos se centró en Talamanca por el viejo emisario, este verano se han vivido escenas especialmente bochornosas en el puerto de Ibiza por los últimos vertidos de residuos fecales sin tratar directamente de la depuradora, la playa d’en Xinxó que se cerró también por residuos fecales que llegaron al mar, vertidos de agua sucia también en la costa de Santa Eulària, Cala Vedella también se vio afectada por el mismo problema y la última de estas escenas dantescas se ha vivido, y se sigue viviendo, en siete fincas agrícolas de ses Salines que se han visto afectadas por residuos fecales que llegan de la depuradora de Can Bossa.

Asumir responsabilidades

Ibiza es el motor económico de las Balears. De hecho, el Govern preveía a principios de este año que el PIB de las Pitiusas crecería, una vez más, por encima de la media balear. Y previsiblemente así sea. En una isla donde se mueve tanto dinero y que tiene un gran peso económico para el conjunto de Balears resulta especialmente bochornoso que la depuración de aguas y el mantenimiento de las infraestructuras siga siendo la gran asignatura pendiente.

En Sant Josep, el problema de los vertidos fecales es muy grave y el Consistorio, como responsable del mantenimiento y sustitución de las cañerías y tuberías, debería asumir sus responsabilidades en este problema y no lanzar balones fuera hacia Abaqua como ha hecho con los vertidos de ses Salines. El Govern, por supuesto, debe dejar de esconderse y asumir que deberían invertir más en Ibiza para renovar estaciones de bombeo, depuradoras e infraestructuras que, a la vista está, no dan a basto para el total de población y turistas que recibe la isla.

Realidad

Los responsables del Govern, de Abaqua y de los ayuntamientos deberían tomar conciencia de que la falta de depuración de aguas y los problemas de tratamiento pueden acarrerar problemas de salud y contaminación ambiental. Se trata de un problema serio que parece que el Govern minimiza a la vista de sus actuaciones.