El papa Francisco saluda a los fieles durante la audiencia general de los miércoles en la Ciudad del Vaticano. | CLAUDIO PERI

El Papa Francisco advirtió este miércoles que las familias que pasan mucho tiempo sin visitar a sus ancianos incurren en «pecado mortal» y recordó que en una sociedad donde no hay «honor para los ancianos» no tendrá «futuro para los jóvenes».

Con tono y semblante serio, el pontífice se expresó en estos términos durante su catequesis ante los miles de fieles que se congregaron en la plaza de San Pedro para asistir a la tradicional audiencia general que preside cada miércoles.

Recordó que, durante su ministerio en Buenos Aires, presenció esta realidad al visitar varios geriátricos y, en concreto, una conversación con una mujer que no recibía la visita de sus seres queridos desde la anterior Navidad, desde hacía ocho meses.

«Ocho meses sin ser visitada por los hijos, ocho meses abandonada. Esto se llama pecado mortal, ¿entendido?», clamó.

«Los ancianos están abandonadas y no solo en la precariedad material, sino en las numerosas dificultades que hoy deben superar para sobrevivir en una sociedad que no les permite participar», dijo.

Sabiduría

Francisco señaló que «los ancianos deberían ser para toda la sociedad la reserva de sabiduría de nuestro pueblo».

También rememoró una historia que le narraba su abuela cuando era pequeño y que cuenta que un hombre prohibió a su anciano padre comer con él y su familia en la mesa porque se manchaba con la comida y le hacía quedar mal delante de sus huéspedes.

Por ello le construyó una mesa en la cocina donde el anciano comía solo.

«Pocos días después llegó a casa y encontró a su hijo pequeño jugando con madera en el suelo. Al preguntarle qué hacía este respondió que una mesa para cuando él fuera anciano. Los niños tienen más conciencia que nosotros», explicó.

Apuntó que, gracias a los avances de la medicina, «la vida del hombre se ha alargado pero el corazón no ha crecido» ante la realidad de los ancianos.

En este sentido volvió a emplear su predicado concepto de la «cultura del descarte» y denunció que en la sociedad actual «a los ancianos se les deshecha» y que muchos de ellos «viven con angustia esta situación de abandono».

«Los ancianos son hombres y mujeres, padres y madres, que han estado antes que nosotros sobre nuestro camino, en nuestra misma casa, en nuestra cotidiana batalla por una buen vida. Hombres y mujeres de los que hemos recibido mucho», señaló.

Y añadió: «El anciano no es un ser ajeno, el anciano somos nosotros. Dentro de mucho o poco (tiempo), es inevitable. Si no aprendemos a tratar bien a los ancianos, así nos tratarán a nosotros».

Jorge Bergoglio subrayó que una sociedad «sin proximidad es una sociedad perversa» y la Iglesia, «fiel a la palabra de Dios», no puede tolerarlo.