«Nos han premiado porque nos quieren»

Juanito Riera, de Ca n'Alfredo; y Pilar Marí, de Can Vadell, repasan sus trayectorias ante las Medallas de Oro que les han concedido

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Pilar Marí, de Can Vadell, y Juanito Riera, de Ca n'Alfredo, dieron muestra durante toda la entrevista de la amistad que les ha unido a lo largo de tantos años. Risueños y entre bromas se interrumpían a menudo para matizar los datos que uno y otro estaban contando sobre sus vidas profesionales.

Pilar Marí, de Can Vadell, y Juanito Riera, de Ca n'Alfredo, dieron muestra durante toda la entrevista de la amistad que les ha unido a lo largo de tantos años. Risueños y entre bromas se interrumpían a menudo para matizar los datos que uno y otro estaban contando sobre sus vidas profesionales.

23-07-2010 | Marco Torres

Mientras esperan a que comience la entrevista, sentados en la terraza del Pereira, Juanito Riera y Pilar Marí se ponen de acuerdo para el momento de la entrega de las Medallas de Oro de la ciudad de Eivissa que les han sido concedidas por el Ayuntamiento como propietarios de dos establecimientos históricos: el restaurante Ca n'Alfredo y la pastelería Can Vadell. Como buenos amigos que son, ya han quedado para acudir juntos. Comentan el calor que puede hacer en el claustro del Ayuntamiento a la hora que les han citado, donde están convencidos que será el acto, y dudan de si habrá misa solemne antes o no. Pilar le propone a Juanito tomarse un whisky en un día tan especial que supone el reconocimiento a tantos años de trabajo de ambas familias y Juanito sentencia, antes de que finalice la conversación, que esa noche se emborracharán.

-¿Desde cuándo son ustedes amigos?
-Pilar Marí: Somos amigos de la infancia porque ambos vivíamos en el barrio de sa Capelleta. Éramos pequeñitos y jugábamos todos juntos. Ella era la jefa, la que mandaba a qué jugábamos, era mayor y la gente le hacía más caso, apunta Juanito entre risas, a la pelota y al baloncesto, continúa Pilar sin reparar en el comentario de su amigo. Y las pelotas las hacíamos nosotros, con trapos o calcetines viejos que le robábamos a la abuela. Recuerdo que el día de San Juan sacábamos todos los enseres viejos de la casa, hacíamos un monigote y lo quemábamos en una hoguera. Al final tirábamos un cubo de agua.

-¿Por qué creen que les han otorgado este reconocimiento?
-P. M: Porque me quieren, porque me tienen cariño y porque tenemos dos establecimientos de los más antiguos y lo producimos todo nosotros.

-Juanito Riera: Porque estamos volviendo a las raíces, y algo que hemos tenido en común Pilar y yo es que seguimos con nuestras raíces. Creo que lo que hacemos es con el corazón y para que perdure porque si no hiciéramos salsa de Nadal o el cuinat, ¿qué cultura culinaria tendría Eivissa? Y una coca como la que hace Can Vadell no la encuentras en ningún sitio de Eivissa. Nosotros defendemos a ultranza las tradiciones ibicencas y yo creo que los tiros van por ahí.

-¿Cómo han conseguido mantener ambos negocios durante tantos años?
-P.M. Trabajando, ¿qué te crees? Vente un día y te pondré detrás del mostrador, ya te diré lo que es, que yo no conozco Pachá. El trabajo es sacrificio, estar pendiente siempre. Y bueno, sí que estuve una vez en Pachá, en el restaurante cenando con mi marido y enseguida se enteró toda la familia. Algún día te puedes distraer, pero al día siguiente hay que estar al pie del cañón.
-J.R. La única receta que hay es el día a día y el sacrifico continuo. El que se piense que va a montar un negocio y que a los tres días le va a ir estupendamente está muy equivocado.

-¿Cuáles son sus productos más reconocidos y vendidos?
-P.M. Las madalenas sobre todo, es nuestra reina. Las ensaimadas, que aunque la hagamos buena, es original de Mallorca y los panellets, sobre todo los de piñón, que el extranjero no conoce mucho ni el piñón ni el mazapán y le gusta mucho.
-J.R. Mi padre me decía que antiguamente, lo que más vendía el día que llegaba el barco era el pollo y la langosta. Actualmente son los arroces el plato estrella.

-¿Qué supone este galardón en sus trayectorias profesionales?
-J.R. : Lo mejor que me podía pasar en la vida. Es un sentimiento muy profundo, yo creo que el día que me la entreguen voy a llorar como un niño pequeño. Ya te he dicho que nos tomaremos un whisky antes, interviene Pilar jocosa. Simboliza toda mi vida, los sacrificios de toda la familia, recordar a mi madre que se había tirado una paella de aceite hirviendo en los brazos y continuaba cocinando. No hemos pasado hambre porque hemos trabajado mucho. Este premio es para toda la familia, por eso he hecho partícipes a mis hermanas y a los trabajadores.
-P.M. Yo estoy muy contenta, pero es un premio para todos, sin los buenos panaderos que hemos tenido y tenemos no hubieramos llegado hasta aquí. Hemos sido una gran familia, con mi cuñada y mi marido.

-¿Cuál es la receta para ganar una medalla de oro?
-J.R. Ser honesto, honrado y tener muy en cuenta a los clientes, porque hay veces que entras en un negocio y no te hacen ni caso.
-P. M. Trabajar mucho y atender al público lo mejor posible, si no, no hay medalla. Creo que la alcaldesa ha valorado esto.

«A mí me gustaba el fútbol y quería ser futbolista»
El restaurante Ca n' Alfredo fue inaugurado en 1934 por una familia de alemanes judíos que tenían 6 o 7 hijos. Uno de ellos se llamaba Alfredo y de ahí el nombre. Lo dejaron cuando comenzó la Guerra Civil por miedo a que los echaran.
El padre de Juanito Riera, José Riera, era Guardia Civil y en la guerra lo metieron en una cárcel militar. Al salir tuvo que ganarse la vida y compró parte del restaurante. A partir de 1941 la madre de Juanito, Antonia Ripoll, estuvo en la cocina y al principio su hermana también, después ya contrataron cocineros. «A los 16 años empecé a trabajar yo porque si no estudias algo tienes que hacer. No podía estar sin hacer nada, pero a mí no me gustaba, yo prefería jugar al fútbol y quería ser futbolista», recuerda Riera, quien asegura que los inicios en el restaurante fueron muy difíciles. «En aquella época salíamos de noche pero luego teníamos que madrugar para estar a la hora en nuestro puesto de trabajo y eso era muy duro, pasar sueño es horrible», rememora entre risas.
«En aquel momento comenzó el boom del turismo y se puso de moda lo de ir de palanca, interviene Pilar Marí en el relato, y este desgraciado no podía ir, porque tenía que estar todo el día detrás del mostrador sirviendo», bromea Pilar.

«Mi marido le dejó una nevera a Ursula Andress»
Pilar Marí relata que el pastel de Sant Ciriac lo inventaron en Can Vadell. «Fue un amigo de mi marido, quien le propuso que se inventara un pastel para el día de la patrona de Eivissa y lo vendiera en esas fecha. Y así lo hizo, habló con mi cuñado, Juan Clapés, que era el pastelero en aquel momento, y fueron haciendo pruebas hasta que lo consiguieron. El resultado gustó mucho a los clientes», asegura Marí, quien añade que, «hasta a Xico Tarrés, que es como si fuese hijo mío porque ha estudiado con mis hijos, lo congela para poder comérselo en Navidad», desvela contenta Pilar Marí.
Establecimientos como Can Vadell, que se fundó en 1923 por Joan Marí Planells, suegro de Pilar Marí, recopilan multitud de anécdotas y situaciones de todos los estilos entre trabajadores y clientes. Marí recuerda muy risueña que en 1970 Ursula Andress, que era una clienta habitual de Can Vadell, le dijo a su marido que le faltaba una nevera porque estaba alojada en una casa en es Cubells y no tenía bastante luz. «Y mi marido le dejó una nevera grande y un transformador para que le congelara los alimentos», asegura Pilar, quien añade risueña que, «la devolvió muy limpia y dando las gracias».
Otros de sus clientes más populares son Antonio Isasi, «que ha venido esta mañana a felicitarme por la medalla», comenta, Àngela Molina o la baronesa Thyssen, «que es mucho más guapa al natural de lo que sale en las fotos o en la televisión», apunta.
Aunque para Pilar Marí todos los clientes son importantes y todos le están mostrando su cariño al llamarla para felicitarla por el galardón. «Desde que supimos lo de la medalla, el teléfono no ha parado de sonar ni un minuto y nosotros lo agradecemos mucho».

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