Opinión/Jesús García Marín

Refugiados

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Siria era un país bastante tranquilo en el que se vivía más o menos bien hasta que pasó lo que pasó, lo mismo Libia, en Egipto los coptos podían hacer su vida y llegó ese relumbrón que fue Obama, demócrata entre demócratas, y comenzó la Primavera Árabe que ha destrozado completamente varios países. Lógicamente la gente busca un mundo mejor, ha perdido su modo de vida y a lo anterior se junta la presión subsahariana. Resultado: infinidad de refugiados en Malta, en Italia mientras las ultrademocracias de la Unión Europea, miran y se hacen los longuis. En España estamos acostumbrados a las riadas de pateras especialmente cuando se cabrea el sátrapa de Marruecos, todo esto no nos pilla de nuevo, lo que si nos pilla de nuevo es tener que acoger barcos de refugiados que otros países más ricos y que pareen más demócratas que nosotros se niegan a recoger. ¿Francia?, libertad, igualdad, fraternidad. Inglaterra, cuna del parlamentarismo, pues por eso hace el brexit. Dinamarca y Hungría por aquí no pasa nadie. Finlandia está demasiado lejos. Está claro que España tiene capacidad para recoger a 600 refugiados intentando desembarcar del Mediterráneo; pienso que se podrían haber recogido a esas 600 personas pero sin potenciar tanto la noticia, sin tantas alaracas, dado que salir en todos los telediarios del mundo es una publicidad y un efecto llamada impagable. A lo hecho, pecho, pero hay varios asuntos que tenemos que debatir: la Unión Europea, ¿para qué sirve además de para tener una burocracia de no te menees?, ¿cómo podemos ayudar en origen y cómo podemos exigir a los dirigentes de tantos países del tercer mundo que no destrocen sus países?, ¿cómo puede ayudar España dentro de sus posibilidades, sin demagogia, ni uso político y electoralista del asunto?

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