Opinión/Chema Ferrer

Verdades a medias

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Pues ya pasó Eurovisión y finalmente España quedamos los 23º de 26º que es algo mejor que el año pasado en que quedamos últimos. Los haters españolísimos están que se relamen atacando a Alfred y de paso a Amaia a los que odian por no ser españoles de verdad, de los de una grande y libre como a ellos les gustaría. La prensa cavernícola y los opinadores más reaccionarios llevan semanas cebándose con los triunfitos que han ido a Lisboa llevando el nombre de España lo más dignamente posible. De repente todo el mundo se ha convertido en un experto eurovisivo y cualquiera se ha creído ser un experto en canción ligera y festivales varios. Es como si yo me pusiera a opinar sobre si Lopetegui debería convocar a Piqué en vez de a Asensio para el Mundial de Rusia ¡Un despropósito en toda regla! La realidad es que Amaia y Alfred han hecho que este año el certamen haya sido el más visto en una década desde el 2008 en que actuó Chikilicuatre. Hay que reconocer como dijo Amaia que al final la «posición fue una mierda» y es que a la cantante navarra nadie le gana a escatológica ni a sincera, ella lo de filtrar lo lleva fatal. Está claro que entre que la canción era muy poco eurovisiva y que desde TVE no tienen muchas ganas de ganar nada no vaya a ser que les toque organizarlo, pues así nos luce el pelo año tras año. La cosa es que al final ganó Israel que era la gran favorita y es que Netta y su canción contra el bullying caló desde el primer momento entre los millones de eurofans. Lo que sí es verdad es que la calidad musical de la canción ganadora deja muchísimo que desear pero no importa porque Netta mola mucho. Fue una pena que Chipre no pudiese ganar junto a Israel y es que su tema «Fuego» y su puesta en escena eran merecedores de algo más que no un segundo puesto. La gala fue un tostón como no se recuerda y es que la obsesión de los portugueses por los fados y el rollo triste les supera y no les permite disfrutar ni un poco. El año que viene toca ir a Tel Aviv y ya han empezado las campañas de boicot contra Israel por parte de los propalestinos alentados por grupos antisemitas. Cuando se pide boicot hay que tenerlo muy claro porque es como escupir hacia arriba, casi nunca sale bien. Aquí el que se aburre es porque quiere.

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