OPINIÓN | Vicente Juan Segura, Obispo de Ibiza y Formentera

Mes de mayo, mes de María

| Ibiza |

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Nos encontramos de nuevo, gracias a Dios, con el mes de mayo. La tradición católica ha consagrado este mes para honrar a la Virgen María, viendo muy clara y efectivamente nuestra devoción. El mes de María es una antigua y muy bella tradición, que tiene sus inicios en Europa, continente que se caracteriza precisamente, por sus profundas raíces cristianas, como lo testifica su historia, su cultura y su religión. Así pues en este mes los católicos hemos de vivir gozando de la presencia amorosa, maternal y confortadora de la Virgen María, Madre de Jesús y Madre espiritual nuestra, y de esa forma es un mes para vivir con alegría, gozo, optimismo y buenas prácticas religiosas.

Nuestra Diócesis de Ibiza tiene unas hondas raíces marianas. Como nos cuenta clara y efectivamente la historia, las tropas catalanas y cristianas que devolvieron Ibiza y Formentera a la tradición cristiana dedicaron a la Virgen María el primer templo; así en la parte alta de Dalt Vila surgió la primera iglesia, que con el pasar el tiempo construida elegantemente, en 1781 fue elevada a la dignidad de Iglesia Catedral. Y esa presencia de la Virgen María la vemos en seis iglesias más dedicadas a ella, en el Pilar de la Mola, en Puig d’en Valls, en la Mare de Deu de Jesús, en Es Cubells, en Buscasteis y en el Rosario de Vila. Y además en todas las iglesias tenemos altares dedicados a Ella. Así, con ese recurso y actuación de la presencia de la Virgen María los ibicencos y formenterenses ven a la Virgen María como patrona e intercesora ante Dios de nuestras necesidades y proyectos.

Así pues, dedicado el mes de mayo que hemos empezado hace unos días, es una buena ocasión para redescubrir, valorar y fortalecer la presencia, la ayuda e intercesión de la Virgen María. Para ello, ¿qué podemos hacer y practicar en el mes de María, en honor de la Santísima Virgen? Pues para ello, con afecto y estima os doy unos consejos.

Uno de ellos es reflexionar en los principales hechos de la vida de la Virgen, viendo su conducta en la anunciación (Lc 1,26); la visita a su prima Isabel (Lc 1,39); el nacimiento de Jesús en Belén (Lc 2,1); la presentación de Jesús en el templo (Lc 2, 22); las bodas de Caná de Galilea (Jn 2,1); su presencia al pié de la cruz de Jesús (Jn 19,25); su vida con los Apóstoles, que nos cuenta el libro bíblico Hechos de los Apóstoles (….). Y además de esos hechos de los años de su vida en la tierra, tenemos sus apariciones para ayudar y enseñar al pueblo: Guadalupe en Méjico, Lourdes en Francia, Fátima en Portugal, que ha cumplido ahora los 100 años, etc.

También nos es de ayuda la meditación de los dogmas proclamados acerca de la Virgen María: su inmaculada concepción, su maternidad divina, su perpetua virginidad, su asunción a los cielos, cuando Ella, al final de su vida fue subida en cuerpo y alma al cielo.

Así mismo, honrar a María como Madre de todos los hombres. María nos cuida siempre y nos ayuda en todo lo que necesitemos. Ella nos ayuda a vencer la tentación y conservar el estado de gracia y la amistad con Dios para poder llegar al Cielo. Importante es también reflexionar e imitar las grandes e importantes virtudes de la Virgen María: era una mujer de profunda vida de oración, vivía siempre cerca de Dios. Era una mujer humilde, es decir, sencilla; era generosa, se olvidaba de sí misma para darse a los demás; tenía gran caridad, amaba y ayudaba a todos por igual; era servicial, atendía a José y a Jesús con amor; vivía con alegría; era paciente con su familia; sabía aceptar la voluntad de Dios en su vida.

Que en este mes de mayo, todos, empezando por los sacerdotes en sus comunidades parroquiales, los religiosos y religiosas en sus obras, los fieles todos, muy especialmente los catequistas, los profesores de los colegios religiosos, los voluntarios de las horas asistenciales, etc. hemos de ir adelante con la experiencia de vivir con María y como María la respuesta a la propia vocación en la Iglesia. Así este mes será una riqueza espiritual y efectiva para nuestra Iglesia diocesana y una garantía efectiva en nuestro camino de construcción del Reino de Dios.

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