Opinión/Jesús García Marín

Portabozales y portavozas

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Portavoza’ dice la Montero. Vaya por delante que quien se esfuerza en cultivarse aunque no haya podido estudiar, por las cosas de esa España precaria, atávica y negra que todavía arrastramos, tiene toda mi admiración, y dicho lo anterior, añado que a algunos políticos, sobre todo los de la nueva hornada, que sí han podido estudiar y supuestamente lo han hecho, habría que ponerles un bozal no por sus ideas —que pueden tener las que quieran mientras no conculquen el código civil y el penal— sino porque no saben hablar, o incluso van más lejos, no saben hablar adrede o no les interesa saber hablar, porque es más cómodo no saber y parecer que sabes. De estos especímenes los hay de dos tipos, los más listos, estilo Tardà, es decir, individuos bien formados académicamente pero que hablan mal el castellà sólo para que se sepa que son catalanes de pura cepa y no mamaron el español de pequeñitos; es decir, su lenguaje responde a razones puramente ideológicas del Procés, y luego están los estilo Irene o Irena Montero o Montera de ponerse el mundo o la RAE por montera, éstos ni siquiera nos hablan con aquel cheli culto de Ramoncín o Umbral, sino con el desparpajo de quienes zarandean a placer la noble lengua de Cervantes por motivos ideológicos y de género y génera. De esa guisa es la tortura que hace al genérico o genérica la portavoza podemito del Congresa de las Diputadas. No pedimos a los políticos que gobiernen, ni que modernicen el país, ni siquiera que dejen de chingar a la ciudadanía (palabro de ZP), pero, por favor, no os carguéis el acervo cultural que es lo único que tenemos los españoles sean miembros o miembras, que hasta el miembro nos tenéis.

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