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Diana Puig: «Me juego la vida cada vez y me da igual»

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Diana Puig, una auténtica enamorada de la montaña, visitó ayer las instalaciones de Grupo Prensa Pitiusa.

Diana Puig, una auténtica enamorada de la montaña, visitó ayer las instalaciones de Grupo Prensa Pitiusa.

07-02-2018 | T.S.V.
«Me juego la vida cada vez y me da igual»
Diana Puig: «Me juego la vida cada vez y me da igual»

Diana Puig (Cuenca, 28-09-1979) es la única alpinista ibicenca en la actualidad, una enamorada de la montaña y de los grandes retos que ella supone. La manchega, que reside en Ibiza desde hace 20 años, ha practicado y practica todo tipo de especialidades como la espeleología, la escalada y el montañismo. Su próximo reto tendrá lugar en Semana Santa en Los Alpes, una aventura para la que no todos están preparados.

—¿Qué supone la montaña para usted?
—Mi vida es la montaña desde cría. He practicado muchas especialidades: espeleología, escalada, montaña... Pero me considero bastante normal. Lo que pasa es que no hay alpinistas femeninas. He intentado convencer a mi entorno para que me acompañe un poco en estos objetivos que me marco. Necesito estar en la montaña y es mi vida en todos los sentidos. Mi tiempo libre y mis vacaciones los dedico absolutamente a la montaña.

—Y, ahora, tiene por delante un reto apasionante: los Alpes.
—Sí, iré allí en Semana Santa. Tengo obsesión por ir allí. Yo soy una persona que suele obsesionarse con montañas, cimas, picos... Tengo en cuenta la complejidad y la altitud, por lo que he de entrenarme para ello, pero yo veo la montaña y veo si me llama o no. En los Alpes tengo obsesión por el Dent Blanche. No voy a un sitio por el hecho de que sea el más alto, sino que me fijo en que la montaña me guste.

—¿Qué obstáculos puede encontrar uno en una aventura así?
—El problema de la altitud lo tenemos en Ibiza, por eso entreno con una máscara de hipoxia para poder aclimatarme a la altitud y el frío. La montaña requiere mucha exigencia a nivel físico y mental, resistencia y fondo. No me puedo permitir no encontrarme bien ese día. Y cuando digo bien es bien, segura y sin que nada falle. Aun así, la montaña es imprevisible. Mucho. Muchísimo. Crees que a lo mejor no te vas a encontrar con ningún problema y los encuentras. Por eso llevamos una mochila con todo lo necesario en caso de que ocurra algo. Tienes que estar preparada para lo que te venga.

—¿Cuánto tiempo empleará en completar esta meta?
—A mí me gusta hacerlo de tirada, pero, por lo que he visto, tendría que hacer alguna parada en algún refugio y continuar el día siguiente. Estamos hablando de entre cinco y seis horas, el primer día, y unas ocho, el siguiente, para el Dent Blanche. El Mont Blanc, según esté, son dos días también. También me gusta el esquí de montaña, por lo que me planteo subir a su cima con esquíes y bajar con ellos. La escalada en hielo es una de mis pasiones. Aquí en Ibiza, lógicamente, no hay. Por eso, cada quince o veinte días voy a Los Pirineos.

—¿Cómo lleva la soledad en este mundillo?
—Me llevo muy bien conmigo misma y me he acostumbrado a viajar sola, aunque después me encuentre con gente. Hay gente de mi entorno que me ha dicho «me voy contigo» y no he querido. En este tipo de salidas, si no llevas una preparación previa, no pueden acompañarte. Si vamos a hacer un camino tranquilo, sí, pero yo no voy a eso, sino a hacer cosas interesantes.

—¿Cómo se prepara para una cita de este tipo?
—Corro mucho por la montaña. Atlantis lo subo y bajo varias veces. Sant Josep, también. Además, hago boxeo, que que me da fondo y resistencia. Praa mí esto es algo muy importante. En casa tengo un circuito un poco especial, en el que puedes encontrar chapas, arnés, mosquetones colgados, un saco... Es mi propio lugar de entrenamiento. Al final, consiste en tener una preparación física diaria. No me puedo permitir saltarme un día.

—¿Los gastos de material y desplazamiento se los costea usted sola?
—Sí, todo sale de mi bolsillo.

—¿No le interesa buscar un patrocinador?
—Me interesaría tener un patrocinador siempre y cuando yo representase a una empresa, organismo o institución que moralmente me compensara, que tuviera un sentido para mí. No quiero un patrocinador cuya publicidad vaya contra mi forma de caminar por la vida. No podría llevarlo. Para mí sería incómodo, porque iría en contra de mis principios. Además, yo tengo mis propios enfrentamientos personales según con qué tipo de empresas en Ibiza. Yo respeto todo, pero no podría hacerlo. Me sentiría muy desgraciada. Yo sé cuáles son mis sueños, pero no están en venta. No todo tiene un precio. Pensaba moverme por los ayuntamientos a ver sí podrían ayudarme de alguna manera, pero, por ahora, es lo que hay.

—¿Y cuáles son esos sueños?
—No lo llegaré a cumplir en esta vida, estoy segura, pero mi sueño es el Himalaya. Sin embargo, sé que es algo irreal, pero sí que tengo objetivos muy claros y concretos que sé que lograré como los Alpes y Perú. Tengo que ir a Perú. Tal vez el próximo año o dentro de dos.

—Lo que parece claro es que son retos personales más que la búsqueda de marcas o grandes logros.
—Sí, son todos personales. Prácticamente he hecho el 60 o el 70 por ciento de Pirineos. Me gustaría encontrar aquí más afición por el alpinismo. Ya sé que vivimos en Ibiza, pero si a uno le gusta la montaña, la nieve o escalar debe probar. Aquí hay escalada deportiva y algo de espeleología, pero muchas veces tienes que salir fuera. Sí que echo de menos que haya más gente en este mundillo. Me parece mentira que sea la única que ama las montañas. Me cuesta mucho creerlo.

—¿Cuándo y cómo le picó el gusanillo por este deporte?
—Mi abuelo me llevaba de cría al monte, en el pueblo, con siete u ocho años. Todos los castigos que me llevaba era porque me iba a la montaña. Me iba sin más. Lo que pasa es que, evidentemente, para hacer ahora según qué cosas he necesitado una formación. Yo no dejo de formarme. Soy y seré alumna toda mi vida. Económicamente he tenido que tener una estabilidad laboral para poder tener unas vacaciones e invertirlas en la montaña. Debo tener una estabilidad laboral y económica para poder hacer todo lo que hago, organizándome muy bien, pasando mucho sueño y muchas horas de vuelo. Además, tengo dos hijos. Una cumplirá nueve años en marzo y el otro, siete en junio. Tuve mi parón de seis años en los que me metí en la cabeza que no podía hacer ciertas cosas. En ese periodo me dediqué más a hacer cursos y a enseñar a bomberos y policías todo tipo de rescates y autorrescates, a que se colgasen y perdieran el miedo. Eso lo hago sin ánimo de lucro.

—¿Existe mucha competitividad en esta disciplina?
—La montaña engloba muchísimo. Yo no sé el grado que tengo, que podría ser un 7A más o menos, pero no me obsesiona el grado. Aquí hay una obsesión tremenda por el grado, pero, luego, no te saben asegurar. En la escalada, la gente sabe escalar y tiene un grado que dices «oh, dios mío», pero no saben asegurar a la persona. La montaña es eso, asegurar a las personas. El tema de asegurar es mucho más complicado que la actividad en sí. Me he metido en cuevas con desnivel de 70 o 90 y he estado 18 o 20 horas metida en una cueva. La fase previa es mucho más importante que la actividad en sí. Es muy importante, primero, eso y, luego, ya nos lo pasaremos bien.

—Entiendo que la fase previa separa la línea entre la vida y la muerte.
—Nos estamos jugando la vida. Me la juego cada vez. También es algo que me da igual. Cuando sale una noticia sobre que un montañero ha perdido la vida en una montaña, siempre digo que sé lo que está haciendo y las consecuencias que conlleva. Si me pasa algo, no hay que tener pena. Yo he perdido compañeros en actividad propia, pero no se trata de sentir pena. Es otra cosa, pero pena, no. Sabemos que nos puede pasar algo, pero, en el momento que hacemos esa actividad, somos felices. Es nuestra forma de vivir. No puedes cambiarlo. Si me quitan la montaña, no existo. Dejo de ser mujer, madre, hermana e hija. Y eso hay que entenderlo.

—¿Y si sus hijos le dijeran que parase?
—Lo seguiría haciendo. Mis hijos han aprendido que su madre hace cosas y, sobre todo, lo que les estoy enseñando es que sean lo que decidan ser, que nunca dejen de ser ellos mismos aun con pérdidas. Dejar de hacer es dejar de ser tú. No sé qué va a hacer mi hija el día de mañana, pero la voy a apoyar. Es que, en general, estamos equivocados. La vida son momentos. ¿Por qué siempre tenemos que estar haciendo lo mismo para alargar algo? ¿Tenemos que vivir como nos digan sí o sí? Prefiero una vida corta, pero intensa, con felicidad y pasión por lo que me gusta hacer.

—¿No considera que esa postura se podría considerar extremista o incluso egoísta?
—Se podría entender así. El amor y el querer no lo entiendo tal como se practica hoy. No hay que querer mucho, sino bien. Y no hay que poseer. El amor tiene que ser generoso y solidario, y no se entiende de esta manera. Creemos que poseemos, que tenemos que exigir. Las personas son libres, independientes y autónomas. Si dejan de hacer su vida y de ser ellos mismos por una dependencia emocional, no pueden echarle la culpa a nadie. ¿Mis hijos me echan de menos cuando me voy? Yo más. La dependencia emocional la tengo yo más que ellos, igual que mis padres. ¿Me van a decir que no vaya a la montaña? No. Son formas distintas de ver la vida y quien me conoce o me acepta o no hay más. Se tiene que asumir de esta manera.

TRES DETALLES

Pasión

Diana, la única alpinista en Ibiza y presumiblemente en Balears, hace escapadas a Los Pirineos cada quince o veinte días.

Entrenamiento

La deportista, que se ejercita todos los días, suele subir y bajar varias veces Atlantis y Sant Josep para llevar a cabo su preparación física.

‘Sponsor’

La manchega busca patrocinador, pero no a cualquier precio, y rechazó una propuesta de 6.000 euros por no ser una publicidad afín a su ética.

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Carol
Hace 8 meses

Eres una máquina!!! Sigue cumpliendo tus SUEÑOS :)

Valoración:3menosmas
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