Los doctores Jaume Flexas y Javier Gulías, profesores del Departament de Biologia de la UIB, parten hoy hacia la Antártida para proseguir con su proyecto científico, ya iniciado, de estudio de plantas que presentan especiales condiciones de resistencia y productividad. El proyecto cuenta con financiación del Ministerio de Economía y Competitividad y la colaboración de otras entidades nacionales e internacionales, y en él participan 14 investigadores, 8 de la UIB y 6 de la Universidad del País Vasco.

En el marco de este proyecto, Flexas y Gulías ya han estado en Sudáfrica, Namibia, Colombia, los Andes, el desierto de Atacama (Chile) y, mucho más cercana, La Rioja. Después de la Antártida, este mismo año partirán, según las previsiones, en julio a las islas noruegas de Svalbard, en el Océano Ártico, y en septiembre a China. Aun así, consideran que otros investigadores del proyecto deberán regresar a la Antártida el año que viene para permanecer allí tres o cuatro semanas.

Etapas

La fase presente del proyecto no sólo incluye la Antártida. Los dos doctores explican que «en primer lugar iremos a Punta Arenas, en la Patagonia sur chilena. Posteriormente nos trasladaremos a Tierra del Fuego y está previsto que lleguemos a la base española Juan Carlos I de la Antártida -Isla Livingston- el 19 de enero. En los tres lugares estudiaremos la fisiología de las plantas. En la Antártida estaremos hasta el 4 de febrero, analizando plantas en un radio de tres kilómetros alrededor de la base. El 8 de febrero podríamos estar de vuelta en Mallorca».

Se trata de un proyecto de cuatro años de duración, 2015-2018, aunque el primero se dedicó básicamente a tramitaciones. El estudio sobre la resistencia y productividad de las plantas tiene como objeto mejorar la eficiencia de los cultivos en condiciones adversas. «Buscamos un patrón común en las plantas que pueden sobrevivir en condiciones extremas y que, además, presentan un cierto nivel de productividad. Evidentemente, no vamos a encontrar una planta con mucha resistencia y que tenga una productividad como la del trigo. Normalmente, o son muy resistentes o son muy productivas, pero sí intentamos seleccionar especies con niveles equilibrados entre su capacidad de vivir en ambientes extremos y su capacidad de expansión, y saber qué es lo que determina que sean relativamente productivas en situaciones difíciles», señalan Flexas y Gulías.

Fenotipos

Los dos investigadores aclaran que «no vamos a analizar ningún gen, ése no es nuestro trabajo, sino la fisiología, los comportamientos, el fenotipo de las plantas que pueden reunir las condiciones que buscamos, aunque todo ello tiene que ver con el genotipo. Ya tenemos algunas candidatas, como la Deschampia antarctica, la Colobanthus chitensis, la Viola jaubertiana, endémica de Mallorca, y el grupo de las resurrection plants, en Namibia. Los casos extremos de resistencia de plantas, que evidentemente no sirven para nuestro estudio, son algunos líquenes capaces de sobrevivir en el exterior de una estación espacial».

Las condiciones climáticas de la Antártida no asustan especialmente a los dos doctores: «Vamos a la Antártida durante el verano austral. Estaremos en torno a los 0 grados, una temperatura muy benigna respecto a su invierno, con decenas de grados bajo cero. El problema es el viento, que suele ser muy fuerte, rebaja mucho la sensación térmica y puede dificultar nuestro trabajo. El grueso de nuestro equipaje son los 60 kilos de aparatos que nos llevamos».